Issue No. 2 feb 2018

DIGNIDAD
AUTOESTIMA

      15No fue encubierto de ti mi cuerpo,
    bien que en oculto fui formado,
    y entretejido en lo más profundo de la tierra.

16 Mi embrión vieron tus ojos,
    y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
    que fueron luego formadas,
    sin faltar una de ellas.

Salmo 139: 15-16 (RVR1960)

Las mujeres tenemos el don de manifestar el amor que Dios ha puesto en nuestros corazones, de formas variables y creativas. Con una gama de actividades podemos manifestar nuestro amor a nuestra pareja y sentirnos satisfechas de lo que damos en una relación.
Pero no en todos los casos existe estabilidad en el amor, algunas confundimos el amor con la necesidad de hacer TODO lo que se nos ocurra con tal que nuestra pareja esté feliz. No debemos olvidar que la felicidad está en Cristo Jesús solamente, todo lo demás, si ocupa el primer lugar en nuestra vida se vuelve un ídolo. Cuando confundimos el amor con la imperiosa necesidad de satisfacer al otro en todo, estamos, posiblemente ante un caso de codependencia. Y aunque no es el propósito explicar el cuadro, si diré que es peligroso porque tendemos a anularnos a nosotras mismas, queremos vivir la vida del otro, sabiendo qué hace, dónde está, qué debo hacer para que no se enoje o para que me quiera más; la lista sigue y es muy larga.
Confundimos el amor con la necesidad de: estabilidad económica, compañía, intimidad, de salir de una situación problemática, entre otros, sin darnos cuenta que replicamos el mismo patrón una y otra vez con diferentes personas, y luego de cada relación nos sentimos más vacías que nunca. Estamos dispuestas a humillarnos con tal que la relación no se termine. Pero no importa cuánto nos esforcemos, no podemos hacer que nos amen.
Debemos preguntarnos por qué estamos con una persona, cuánto ha enriquecido mi vida, hacer una lista de lo positivo que ha traído a nuestra vida y también lo negativo; si hay respeto en la relación. Si estos factores no existen, valdría la pena revisar cuánto nos estamos valorando como hijas de Dios que somos, cuánto valoramos el templo del Espíritu Santo, que es nuestro cuerpo.
Si te sientes así, es importante reconocerlo y buscar ayuda, no eres la única y sí hay una salida. No con una receta mágica, sino con el esfuerzo que hagas por restablecer la dignidad que Dios te ha dado. La asertividad irá llegando en la medida que busques la intimidad con Dios y se convierta en tu prioridad número uno. Cuando llegues al convencimiento en tu corazón que vales mucho para el Señor podrás descubrir los propósitos que Él tiene para ti, porque Él te formó, Él te conoce a la perfección y te ama.
Lee Salmo 139

 


Gloria de Abrego
Psicóloga Clínica