Issue No. 1 ene 2018

COMPLETAS EN ÉL
PLENITUD

8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo y no según Cristo. 9 Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud dela Deidad, 10 y vosotros estais completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

Colosenses 2, 8-10 (RVR1960)

Nos levantamos cada mañana y al ver al cielo solo podemos afirmar que Dios se muestra en esos amaneceres preciosos. Nos sentimos llenas de vida y agradecemos Su omnipotencia, pero al transcurrir el día nos enteramos de lo que ocurre en el mundo corrompido, lo cual nos desvía de una plenitud en Cristo. Las noticias nos alarman con catástrofes; las redes sociales incitan a insultar o a vanagloriar objetos o personas sin crear realmente una relación sólida que impacte la vida con el ejemplo de Jesús.

Nos enfocamos en el día a día, nos agobia el tránsito; el cumplimiento de deberes; que nuestra familia cubra sus necesidades; por lo que ganamos y lo que pagamos, pero pocas veces nos detenemos para dar gracias y bendecir.

Cuando hacemos las cosas para Cristo podemos lograr plenitud. Como mujeres podemos tener sed de amor, respeto, atención y ayuda, y la falta de esto nos puede hacer sentir incompletas. Pero todo esto cambia cuando conocemos a Jesús y le entregamos nuestra vida. La plenitud no está en el mejor trabajo, los bienes, una pareja o en los hijos, está en dejar que Él tome el control.

Debemos ver nuestros roles o bienes transitorios como instrumentos para bendecir y compartir esas bendiciones con otros mostrando siempre el amor que Dios nos ha dado para que al igual que Jesús le mostremos en todo momento.  

De las 24 horas del día descansamos entre 4 y 7, tiempo en el cual no estamos conscientes de nuestro entorno. El resto del día es una oportunidad para demostrar que Dios está en nuestra vida, en todo lo que hacemos, pensamos y sentimos para sentirnos plenas.

Ora al Señor cada día por la gracia de caminar con Él cada instante y que las filosofías y las huecas sutilezas de los seres humanos que no conocen a Cristo no hagan más eco en tu mente que la Palabra del Señor. Fuimos creadas y elegidas por Él, nunca olvidemos que también fuimos rescatadas del pecado y perdonadas sin que lo mereciéramos. Únicamente por su gracia y con ello, seamos plenas.


Gloria de Abrego
Psicóloga Clínica